Como zafar de la ley y lucrar con la educación superior en Chile
Columna publicada en el Blog del diario La Tercera
Las
movilizaciones estudiantiles del año 2011, han generado un punto de inflexión
en la ciudadanía en orden a poner en el tapete de la discusión pública la
existencia de lucro en algunas Universidades privadas, la necesidad de una educación
pública, gratuita y de calidad, y de como ésta se financia.
La actual
ley orgánica constitucional establece
que las Universidades Privadas son corporaciones sin fines de lucro, se enmarcan
dentro de las normas generales del Código Civil y deberían ser monitoreadas por
el Ministerio de Educación.
Es
evidente que el movimiento estudiantil
cristalizó en el sentir público algo que se viene denunciando hace
tiempo y que la premio nacional de periodismo María Olivia Monckeberg dejó en
evidencia a través de una investigación reveló en un su libro titulado “La
privatización de las universidades: Una historia de dinero, poder e influencias”.
Es
necesario también señalar que no todas las Universidades privadas cometen
fraude a la ley, hay muchos proyectos educativos que son dueños de si mismos y
cuyas utilidades son reinvertidas en los mismos planteles, otras instituciones
que además han dado peleas internas para proteger la Universidad, de los intentos
de grupos económicos en orden a comprarlas.
Pero creo
que finalmente todos hemos sido testigos de cómo algunos grupos económicos,
religiosos o políticos controlan instituciones de enseñanza superior en un área
que el Estado reservó como ajena al lucro por cuanto hay un bien superior. En
esta línea quiero entregar algunos elementos a fin de ilustrar sobre como
algunas de estas instituciones defraudan la ley, o mejor dicho, cometen fraude
a la ley en su espíritu, que mandata la prohibición de lucrar. Como algunas
Corporaciones Privadas sin fines de lucro utilizando diversos medios
fraudulentos, actúan como empresas que lucran; obteniendo subvenciones del
Estado, engañando a los alumnos y apoderados en orden a que los dineros son
reinvertidos en infraestructura.
Para ello,
se han valido de medios oblicuos (o indirectos) que evaden la ley orgánica
respectiva y que ahora a modo de ejemplo paso a explicar:
1.- Se han
constituido inmobiliarias a través de testaferros o palos blancos, las que son
dueñas de, por ejemplo, un edificio, instalaciones deportivas, etc. Por
construirlo o arrendarlo de manera normal, supongamos que el valor del metro
cuadrado es de 1 UF, pero con el fin de
extraer renta de manera negra e ilícita, se arrienda el metro cuadrado a 10 UF.
Esa infraestructura las Universidades se las arriendan a una inmobiliaria y esa
inmobiliaria tiene los mismos dueños que la Universidad, o miembros de la junta
directiva, personas de confianza, o a través de los grupos inversionistas que
controlan la junta directiva.
Esta es
una forma muy utilizada por estas sociedades para obtener renta y recuperar
utilidades de una manera negra a costa de la Universidad y de sus alumnos. Lo
que ciertamente constituye un engaño.
2.- Otra
forma es por la vía de los contratos de servicios que empresas externas prestan
a la Universidad, ya sea por servicio de
fotocopiado, cafetería, o estacionamientos; los cuales son sobrepagados por la
Universidad, lo que ciertamente repercute en la escala de precios al entregarse
a los alumnos un servicio que está sobrepagado.
Sin embargo
las Universidades pagan ese precio, así se extrae renta.
En este
momento, quizás aflora la pregunta de: ¿Quienes son los dueños de estas
inmobiliarias? Muchas de las personas que están en directorios, en juntas
directivas, a través de familiares o testaferros.
Estas
formas son lo que se llama fraude a la ley. Y ¿que se entiende por fraude a la
ley?
Básicamente
hay fraude a la ley cuando por actos reales y voluntarios (a veces incluso sin
existir intención fraudulenta), se crea de un hecho una situación aparentemente
lícita y conforme a la ley, lo que implica que en el papel, siempre está todo
en regla, sin embargo hay una estrategia que tiene como efecto violar el
espíritu de la ley, pudiendo infringir a este respecto el contexto o bien
normas determinadas.
Es decir,
con procedimientos que en sí son lícitos como constituir una inmobiliaria,
contratos de arriendo, etc., maniobras que son jurídicas, a veces ingeniosas, y
que por cierto tienen una apariencia de legalidad, se permite realizar lo que
la ley en este caso prohíbe o mandata no hacer lo que ella manda. Esto ha
permitido construir verdaderos imperios económicos, familiares e ideológicos
que se han valido de estas normas para defraudar la ley, hasta este momento
impunemente.
Esta
situación fraudulenta es de por sí contradictoria porque si fuese permitida,
significaría que la ley toleraría el
fraude, pues se prohibiría un resultado pero en el fondo se permite alcanzarlo.
Contradictorio con el espíritu de la ley, puesto que se prohíbe un resultado
(lucro) pero a través del fraude, es decir, artilugios jurídicos alambicados,
combinaciones ingeniosas, se permite el abuso y posibilita alcanzar el lucro
con descaro y desparpajo como todos hemos visto y presenciado hace mucho tiempo.
El acto o
conducta fraudulenta tiene la apariencia de licitud aunque sus resultados son
antijurídicos y constituyen infracciones al ordenamiento legal.
Nuestra
legislación nacional carece de una figura específica que penalice este engaño,
este fraude a la ley en materia civil, y sólo lo consagra como un principio general
del Derecho. Pero hay algo que no se puede negar a estas alturas, y es que hay
un engaño, y este existe cuando a través de una acción u omisión se busca crear
esta falsa representación de la realidad. Por ello, este fraude a la ley, es en
sí también una simulación de Corporaciones sin fines de lucro, que esconden
tras ésta cobertura de aparentes buenas intenciones, sociedades comerciales que
lucran para grupos económicos.
Creo que
esta reflexión es necesaria para generar la conciencia de reformar nuestra legislación nacional, sin
embargo esto no puede excluir otras figuras jurídicas que si pueden lograr sancionar
penalmente estas practicas, como son la estafa. Pero eso, da para otra columna.
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