
Pascua de resurrección
La celebración de la pascua de resurrección no tendría la fuerza que tiene desde hace dos mil años sino fuéramos concientes de la muerte, sin ver las muertes que nos rodean, no podríamos celebrar la victoria de Cristo sobre la muerte y nuestra fe no tendría sentido.
Ver los signos de muerte que hay en nuestra vida interior y en el mundo, no es pesimismo, sino un esfuerzo por mirarlo todo con los ojos del Padre. El es un Dios que quiere nuestra plenitud, la superación del dolor para construir la ciudad terrestre y las relaciones fraternas entre los hombres.
Para los cristianos no hay cruz sin resurrección, no hay muerte sin vida. Por eso la Pascua, que no es un mero hecho del pasado de Jesús de Nazaret, sino un hecho del presente de todos nosotros, resplandece en signos luminosos, aunque sean pequeños.
Todo el camino de cuaresma concluye ahora, allanar, limpiar nuestro corazón de los obstáculos del camino para llegar al hombre nuevo, aquel nacido de la pascua. No es fácil, dentro de nosotros hay muchas cosas: intereses, miedos, comodidades, miopías que nos impiden convertirnos a él. La mayoría de las veces se instalan en nosotros mismos los esquemas de siempre, la comodidad, el miedo a complicarnos la vida.
La pascua es la fiesta más grande de toda la cristiandad, es la fiesta de la alegría, la gran victoria de la humanidad. La alegría debe celebrar su victoria en nuestros corazones para que junto con la alegría de pascua podamos ganar nueva fuerza y valor para el camino de nuestra vida.
Celebramos la pascua como la fiesta de la victoria de Cristo. Cuando escuchamos hablar de victoria tendemos a relacionarlo con batalla, lugar donde hay caídos.
La victoria de Cristo sobre la muerte y la maldad, es otra porque aquí sólo se contabiliza un muerto y este es Jesús. Él no arrastró a otros a la muerte o a la desventura. El entregó su vida por sus amigos y por toda la humanidad. Su muerte es la victoria del amor por todos nosotros y la humanidad. Se trata de la victoria más grande del amor, la máxima victoria del amor al que puede aspirar el ser humano “Nadie tiene mayor amor que él que da su vida por sus amigos” y Jesús entregó su vida incluso a sus enemigos.
Jesús ha vencido al mal – incluso el que nosotros hemos cometido –, y nosotros hemos triunfado con Él.
La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos. Por eso es que para aquel que no cree en él, que nada entre las alegrías y angustias de la vida, la muerte es el fin definitivo.
Este regalo de Cristo sólo lo recibimos cuando hay una respuesta de amor de nuestra parte, cuando una parte de lo terreno perece y la parte divina. permanece.
Felices pascuas 2009
1 comentario:
No es innegable que los ultimos años hemos hecho de nuestras fiestas religiosas motivos de celebracion y comilonas....aunque ya nadie recuerde su espiritu.
Hoy los niños solo saben que el dia domingo les entregaran huevos de chocolate.
Pero esta en nosotros preservar el espiritu y el recogimiento que cada fiesta del Señor sea en nuestros corazones un motivo de regocijo y reflexion.
Muchos abrazos en tu pagina, muchas inspiraciones en tu blog, mucho cariño en tu vida
Fabiola Ginekis
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