Reflexiones sobre el amor y la libertad
Claudio Orrego Vicuña
Revista Política y Espíritu N° 357, 1974
¿Hay acaso algo más difícil en la tierra que amar y ser libre? ¿Y sin embargo algo de lo cual los hombres sientan mayor nostalgia y sed?
El amor y la libertad son lo típico de lo humano. Aquel talento que le hombre posee como distintivo entre las especies creadas. Y ambos elementos son la expresión más pura del espíritu.
A lo largo de los siglos, el amor se da como la gran realización del ideal humano.
Y por su derecho a ser libres, existen miles de hombres que prefieren morir a perderlo.
Romeo y Julieta tienen vigencia eterna. Cada día, en cada lugar, son la inspiración más elevada de la generosidad y la pureza.
Hamlet y Don Quijote, cruzan el tiempo sembrando el ideal de poder ser mejores y servir al mundo con la razón o la espada.
El amor y la libertad son lo más noble del ideal humano. Y sin embargo nada más lejano que ese ideal a la realidad cotidiana.
Millones de hombres contestan afirmativamente el dilema. No vale la pena bregar contra la corriente. Más vale instalarse y ser igual a todos. Mas sentido tiene la tranquilidad propia que el bien ajeno.
Al final, el ideal es aquello que impide que la corteza de la humanidad se hiele hasta el punto de ahogar el espíritu. Es la pequeña ventana por que respira el alma. Es aquel tenue velo que hace de la vida un misterio que vale la pena descubrir hasta el último instante.
¿Qué sería el hombre si no fuera capaz de amar? ¿Qué sería del mundo si muriera la libertad?.
¡Pequeños y frágiles hilitos de los cuales pende todo aquello que vale la pena! No tendría sentido la vida, si no se pudiera tener la ilusión de que se puede ser generoso.
No valdría la pena vivir si no se creyera en la posibilidad de descubrir y crear.
Y para caminar necesita mirar lejos. Más allá de hoy. Mas allá de yo.
Necesita tener la certeza de que habrá Mañana. Pero sobre todo de que habrá el “bien de la tierra” que limpie las miserias y pequeñeces del diario vivr.
¿Y si no existiera el amor, cómo podríamos salir de nosotros mismos?.
¿Y si no existiera la libertad, como podríamos crear y descubrir?.
Por eso quienes reniegan del amor terminan marchitándose en los pobres y estrechos límites de una dimensión microscópica.
Por eso quienes se resignan a perder su libertad, más que a la esclavitud, se están acostumbrando a no tener destino. Tan sólo el amor nos abre hacia el mundo. Tan sólo la libertad nos permite tener porvenir.
Sin amor y sin libertad, es la Creación misma aquella que no tendría sentido. Habría sido un engaño terrible. La historia hubiera sido imposible. La salvación no habría tenido mas eco que el de una palabra muerta.
Si falta el amor hay que abrir más el alma. Si falta la libertad hay que cerrar el puño y olvidar el miedo.
Tan sólo así, podrá el ser humano reencontrarse con su destino y con su Dios.
miércoles, diciembre 05, 2007
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